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Un viaje al pasado sumergido

«Bucear entre ruinas de casas abandonadas, en medio de una oscuridad fantasmagórica, es una de las experiencias más impresionantes que he tenido en mi vida», confiesa Héctor Santidrián, uno de los pocos submarinistas que cada poco tiempo se sumerge en las aguas del embalse de Ullibarri de Gamboa. Ha llegado a bajar al fondo del pantano con temperaturas de apenas dos grados, en pleno invierno, para seguir caminos que ningún ser humano ha recorrido desde 1957, cuando las aguas cubrieron el valle alavés de Gamboa. Ha entrado en casas abandonadas hace más de medio siglo y visto cómo los lucios habían ocupado las antiguas habitaciones. Estas viviendas, situadas ahora a más de diez metros de profundidad, están en ruinas, invadidas por el fango y los caparazones de cangrejos de río.

 

Cementerio

Malatuaga

San Andrés

Ullibarri-Gamboa

Puente

Molino

Puente

San Juan

Landabide

588 m

Antiguo

Landa

Isla de Zuaza

Antiguo cauce del Zadorra

Santutxua

Antiguo cauce del Zadorra

556 m

Atxurdin

Iturrizabal

579 m

Aldaia

665 m

Presa

Este reportaje reconstruye algunos de los puntos más emblemáticos de la historia perdida del embalse de Ullibarri de Gamboa. El valle de Gamboa, en el que vivían cerca de 700 personas, se anegó en 1957 y un año después sería inaugurado por el dictador Franco. Su creación había comenzado en 1934, cuando el ingeniero bilbaíno Manuel Uribe-Etxeberría obtuvo la concesión para crear un sistema de embalses que produjese electricidad para la capital vizcaína y sus alrededores. En 1945, esta concesión fue adquirida por Altos Hornos de Vizcaya, que creó la empresa Saltos y Aguas del Zadorra, por el río que atraviesa el norte de Álava. En 1947 comenzaron las obras mastodónticas para levantar la presa del embalse. Tardaron una década en culminarse. En 1962, la Corporación Administrativa Gran Bilbao, el organismo creado por el franquismo para contolar los municipios del entorno de la capital vizcaína, adquirió los derechos del embalse. Desde entonces, el agua que se bebe en Bilbao procede de la red de embalses alaveses. En 1976, Vitoria consiguió que los pantanos también abastecieran a sus vecinos.

 
 
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En la práctica, las aguas inundaron el valle de Gamboa, que desapareció tanto física como administrativamente. Nueve pueblos prácticamente desaparecieron. Algunos de ellos, sepultados bajo las aguas como Landa, Zuazo o Mendizabal. Otros acabaron siendo despoblados, como Azua, Larrinza o Garaio. Dos de ellos, Orenin y el antiguo Landa, se convirtieron en islas. Otras localidades quedaron mermadas cuando el agua cubrió gran parte de sus casas y sus tierras de cultivo. Fue un éxodo obligado, llevado a cabo con expropiaciones forzosas y provocó un desarraigo importante. La administración sí que aceptó vaciar los cementerios para que los finados no acabasen sumergidos bajo el agua. Iglesias, ermitas y casas fuertes acabaron hundidas. Algunos edificios se demolieron para forzar la marcha de los vecinos.

 
 
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En Ullibarri, uno de los edificios que acabó bajo las aguas fue un enorme molino de tres plantas, considerado en los años 40 uno de los más grandes de la región. Funcionaba gracias a las aguas del río Zadorra, que discurría al lado del pueblo. Contaba con una azud o represa que desviaba el cauce para mover las palas del molino. Según Hector Santidrián, el buzo que ha descendido, parte de la fachada de tres plantas sigue en pie. Allí todavía puden verse, entre algas, lodo y mejillones cebra, las piedras que usaba el molino.

 
 
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Donde antes se fabricaba la harina ahora hay una fauna procedente de centro europa. «Hace unos días, mientra buceábamos, un siluro de algo más de un metro empezó a seguirnos. Despertamos su curiosidad. Enseguida se aburrió y se marchó», explica Santidrián, de la escuela de buceo Urpeko.

 
 
Molino de Ullibarri
 
Antiguo Landa
 
Isla de Orenin

La profundidad máxima del embalse de Ullibarri alcanza los 25 metros, en las zonas que corresponden al antiguo cauce del río Zadorra.

La capacidad del vaso es de 148 millones de metros cúbicos. Es el más grande de Euskadi.

La superficie del pantano es de 1.490 hectáreas. Alberga un total de cuatro islas. Una de ellas, la de Zuaza, alberga unos campamentos de la Diputación de Álava.

Pero hoy vamos a contar la historia de otra de las islas del embalse, la de Orenin.

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Orenin era un pequeño pueblo situado en la parte sur del pantano, casi en la Llanada alavesa. Cuando la presa inundó la zona se transformó en una isla. El cerca de medio centenar de personas que vivía en el pueblo tuvo que marcharse. Su caso es similar al de Landa, situado junto a la isla de Zuaza y del que hoy apenas quedan los esqueletos de una viviendas. En la zona alta de esta aldea se salvaron unos caseríos que permitieron que el nombre del pueblo no desapareciera. En las inmediaciones se encuentra el barrio de Santiagolarra, donde los barracones que sirvieron para acoger a los trabajadores que levantaron la presa han sido transformados en viviendas.

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La principal edificación de Orenin era la iglesa de San Lorenzo. Hoy es una ruina, situada en el extremo norte de la isla.

En los años 20, el ayuntamiento de Orenin levantó una escuela cerca de la iglesia para los niños del pueblo. Apenas estuvo operativa tres décadas.

Durante la sequía de 1989, parte de las paredes de este pequeño colegio estaban todavía en pie y dejaban ver las pizarras.

Todas las viviendas de la isla están hoy en ruinas.

La isla se encuentra frente a las playas de Garaio, convertidas hoy en día en un centro de esparcimiento. Todo el embalse se convirtió en un gran centro de ocio para los habitantes de Vitoria y del Alto Deba.

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Orenin es hoy en día un centro protegido por la Diputación de Álava y se ha convertido en un refugio de cigüeñas. Este ave, prácticamente extinguida en Álava en los años 70, ha vivido una recuperación prodigiosa. En la isla, donde anidan ya más de una veintena de parejas de este zancudo, es posible escuchar el crotorar de estos pájaros en una orilla a la que los siluros acuden en verano a desovar. Los viejos caminos del pueblo están arrasados por la maleza y las zarzamoras y por donde antes corrían los niños se pasean ahora las cigüeñas.

Fotografía aérea actual superpuesta

Imagen después - Un viaje al pasado sumergido
 

Fotografía aérea de 1932

Imagen antes - Un viaje al pasado sumergido

Para realizar este reportaje visual se han analizado fotografías aéreas anteriores a la inundación del embalse, en especial una valiosa colección de fotografías aéreas realizadas en 1932, paradójicamente de mejor calidad que las realizadas diez años después por el ejército estadounidense, mucho más populares. El visor cartográfico del País Vasco permite superponerlas sobre fotografías actuales y de ese modo comparar pasado y presente. También ha sido fundamental la colaboración de Héctor Santidrián y Juan Manuel Morales, del centro de buceo ‘Urpeko‘ de Vitoria.

 

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