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Descubren un caso de canibalismo en Atapuerca de hace 5.700 años: once invididuos fueron despiezados, cocinados y devorados
Pobladores neolíticos acabaron así con la vida de un grupo rival. No fue ritual ni una respuesta al hambre
J. Arrieta
Jueves, 7 de agosto 2025
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Un equipo de investigación liderado por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes-Cerca) y con científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha documentado un episodio de canibalismo humano entre las comunidades neolíticas locales ocurrido hace unos 5.700 años en la cueva de El Mirador, que forma parte de los yacimientos de la sierra de Atapuerca (Burgos).
Allí, a principios de este siglo, fueron descubiertos los restos de «seis individuos de la Edad del Bronce Temprana (hace unos 4600-4100 años) con signos de canibalismo». Excavaciones posteriores desenterraron restos más antiguos con indicios similares. Un análisis estadístico de las fechas de radiocarbono identificó un evento anterior único (en torno a 5709-5573 años) no relacionado con aquellos. Ese estudio «mostró que las personas canibalizadas eran de origen local. El episodio coincidió con el final de la ocupación neolítica, sugiriendo que este no era un comportamiento común entre los habitantes de la cueva». Esta práctica no fue «una respuesta a la hambruna».
La antropofagia «es una de las conductas más complejas de interpretar, debido a la propia dificultad que implica el consumo de seres humanos por parte de otros seres humanos y que muchas veces no contamos con todas las evidencias necesarias para vincularlo con un contexto conductual específico», según la investigadora Palmira Saladié. Los restos corresponden a al menos a once individuos, niños, adolescentes y adultos que fueron despellejados, descarnados, desarticulados, fracturados, cocinados y consumidos, según las evidencias identificadas en los huesos. Fue un consumo sistemático, sin evidencias «visibles» de rituales o ceremonias, «probablemente relacionado con conflictos entre grupos vecinos o entre grupos locales y recién llegados».
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Los restos proceden de dos sectores de la cueva y se han conservado en un estado «excepcional». Esto ha permitido identificar marcas de corte, fracturas para acceder a la médula, cocinado e incluso huellas de dientes humanos. Otros análisis han revelado que todos «fueron devorados en un espacio de tiempo muy breve».
«No estamos ante una tradición funeraria ni ante una respuesta a una hambruna extrema», explicó Francesc Marginedas, del Iphes. «Las evidencias apuntan a una posible acción violenta, dado el corto espacio de tiempo en el que sucedió todo, posiblemente entre comunidades campesinas en conflicto», ha añadido.
Todo apunta a que fue «un enfrentamiento intergrupal», con la eliminación de un grupo familiar completo y el posterior consumo de las víctimas. «El conflicto y el desarrollo de estrategias para evitarlo son parte de la naturaleza humana», han subrayado los investidaores, que relacionaron este episodio con otras masacres conocidas del neolítico europeo, como las de Talheim (Alemania) o Els Trocs (Huesca). Asimismo, comportamientos similares y de la misma época en los que se ha vinculado la violencia entre grupos y el canibalismo se encuentran en yacimientos como la Cueva de Fontbrégoua en Francia o en Herxheim (Alemania).
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