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El lago alavés que surgió por un castigo divino

La ruta desde Salinas de Añana permite descubrir a pie o en bici la laguna natural más grande de Euskadi. Según la leyenda, la Virgen inundó el antiguo pueblo cuando sus pobladores le negaron el pan tres veces

Jon Casanova

Viernes, 2 de enero 2026

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El lago de Caicedo-Yuso es el mayor lago natural de Euskadi y uno de los espacios más singulares del sur de Álava. Está situado entre la localidad que le da nombre y la de Arreo, a escasos kilómetros del río Ebro. La ruta parte de Salinas de Añana, una villa considerada la más antigua de Álava, cuya identidad está profundamente ligada a la extracción de este compuesto mineral y que constituye, por sí sola, una visita imprescindible antes de calzarse las botas.

El recorrido comienza en la iglesia de Santa María de Villacones de Salinas de Añana, a sólo 36 kilómetros de Vitoria, fácilmente accesible a 40 minutos en coche y a cerca de 55 si se parte desde Bilbao. El camino discurre a lo largo de 8 kilómetros y constituye una oportunidad perfecta para pasear debido a su escasa dificultad. La duración de la travesía es de unas dos horas y cuarenta minutos, siempre dependiendo del ritmo y las pausas para pulir las habilidades fotográficas. Para los ciclistas, la ruta tiene una dificultad media aunque no es recomendable en días lluviosos.

 

Con el punto de partida de la iglesia, el camino desciende hacia el río Muera, que se cruza por un sencillo puente de tablones de madera. Desde ahí comienza una subida progresiva por una amplia pista que discurre paralela a las eras de sal, permitiendo observar de cerca el singular sistema de explotación. A lo largo de los primeros kilómetros, el itinerario va enlazando pistas y cruces bien señalizados, siempre ganando altura de una forma suave y cómoda.

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El lago de Caicedo-Yuso es el mayor lago natural de Euskadi. Arriba, estampa tradicional en las salinas de Añana. Rafa Gutiérrez.

El trazado se dirige hacia el sur, atravesando un paisaje abierto y, más adelante, el cauce seco de un arroyo. Poco después, el camino gira hacia la izquierda y comienza un leve descenso hasta alcanzar un cruce perpendicular. Es este punto, donde el sendero se estrecha, uno de los tramos más agradables del recorrido, que conduce directamente hasta las inmediaciones del lago.

Este aparece de forma casi repentina, rodeado de vegetación y con amplias vistas sobre sus orillas. El fondo de la laguna está alfombrado de algas y el lugar sirve también de hábitat a la utricularia, una planta carnívora. Todo ello entre percas, carpas y especies autótonas como la tenca común. Su entorno combina los campos de cereal y el bosque mediterráneo de encinas y quejigos. No están solos, en la masa forestal encuentran refugio especies de aves como la focha común, la agachadiza, el porrón europeo y el escribano palustre.

Allí se encuentra la ermita de Nuestra Señora del Lago, un pequeño templo protagonista de la leyenda que da fama al lugar. Según la tradición, una mendiga -que en realidad era la Virgen- pidió pan en el antiguo pueblo que se levantaba aquí. Tras negárselo hasta en tres ocasiones, un castigo divino hizo brotar las aguas que anegaron la población, dando origen al lago.

Tras la visita a la ermita, el camino emprende el regreso por pistas conocidas, enlazando de nuevo con el trazado inicial y pasando cerca del monasterio de San Juan de Acre antes de regresar al punto de partida.

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