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El naturalista puro y su querida Corfú

Gerald Durrell

 Las memorias inéditas de ‘Yo mismo y otros animales’ reflejan su visión innovadora de la educación ambiental, un legado que perdura

 

Viernes, 1 de agosto 2025

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En Occidente padecemos un oscurecimiento general de la razón generador de falsas realidades que obstruyen e impiden que nos demos cuenta de que la vida merece la pena ser vivida, de que tiene un significado profundo y de que el bienestar que experimentamos con esto está muy por encima de cualquier sistema alienante y obtuso por mucho que nos afecte. En esta tesitura, la cultura se convierte en el principal ariete de resistencia contra el mencionado constructo y es aquí donde una de sus disciplinas, la buena literatura, adquiere todo su significado. Y si dicha literatura ameniza, entretiene, genera placer y bienestar, a la par que ofrece modelos de vida reseñables, mucho mejor.

Un claro ejemplo de todo lo señalado se plasma en la obra general del conservacionista y naturalista Gerald Durrell. Leer sus libros es siempre, además de recomendable, un inmenso placer. El centenario de su nacimiento nos ha permitido «saborear» su amena, ingeniosa y divertida escritura con el libro que recoge textos autobiográficos inéditos del gran naturalista británico editado este año (Alianza Editorial) y titulado ‘Yo mismo y otros animales’. Memorias póstumas que han visto la luz gracias a la labor de su viuda, Lee Durrell, a partir de unos textos que el autor comenzó a escribir antes de enfermar, y que recogen sus experiencias, sensaciones y pinceladas vitales desde la India a Madagascar, pasando por América Central y del Sur, Belice, el Congo, Mauricio, Nueva Zelanda, Malasia y la Gran Barrera de Coral australiana, para finalizar exteriorizando sus grandes conocimientos conservacionistas. Es en la última parte del libro donde aparece en estado puro el investigador, el hombre preocupado por el cuidado de la naturaleza y por la protección de las especies en peligro de extinción.

 

Trazos de su nacimiento en Jamshedpur (7 de enero de 1925), colonia británica de India en aquellos años; de la relación que mantuvo con sus tres hermanos, entre los que estaba el escritor Lawrence Durrell (‘Cuarteto de Alejandría’), el que le inició en la lectura de Darwin y del naturalista francés Jean Henri Fabre; de su aventurada y desordenada, a la par que maravillosa, vida en Corfú y de las enseñanzas del erudito que despertó su interés por la naturaleza, la biodiversidad y los animales, Theodore Stephanides, y que plasmó en la magnífica ‘Trilogía de Corfú’ (‘Mi familia y otros animales’, 1956; ‘Bichos y demás parientes’, 1969; y ‘El jardín de los dioses’, 1978); de los viajes y expediciones que gracias al éxito del primero de estos libros pudo realizar por el mundo acentuando su preocupación por los problemas de la vida silvestre y generando el concepto de conservación de la naturaleza y de los animales; de la idea de zoológico que germinó en su mente y que estaba muy lejana de la mera exhibición de animales en pseudocautividad (Parque Zoológico de Jersey, 1958); de las impresiones sobre un viaje a Australia no publicadas con anterioridad y de otros viajes por selvas y desiertos, etc.; y, en definitiva, de su interés por la criptozoología, de su obsesión por las «bestias misteriosas» y de su amor por las «cositas pardas» configuran un libro autobiográfico delicioso, erudito, divertido y con grandes dosis de humor irreverente.

Durante su infancia en Corfú. Archivo Gerald Durrell

Entusiasmo y conocimiento

Características literarias que aparecen también en obras como ‘El arca sobrecargada’ (1953), ‘La selva borracha’ (1956), ‘Un zoo en mi equipaje’ (1960), ‘Atrápame ese mono’ (1972), ‘Un zoológico en mi azotea’ (1973), ‘Cómo cazar a un naturalista aficionado’ (1984), ‘Un novio para mamá y otros relatos’ (1991), etc. y que delinean y definen también sus series televisivas (‘El arca inmóvil’, ‘Durrell en la India’ y ‘Durrell en Rusia’).

Durrell es autor de algunos de los libros más atractivos y fascinantes sobre la vida de las criaturas de este planeta y de nuestra relación con ellas que se han escrito y por eso su legado es mucho más trascendente de lo que él mismo pudo llegar a suponer. Legado que perdura a través de su trabajo en la conservación y en la visión innovadora de la educación ambiental que han dejado un vestigio valioso en el mundo. No sólo de vivencias y aventuras, sino también de entusiasmo por la vida, conocimiento y amor por la naturaleza y los animales. ‘Yo mismo y otros animales’ aumentará la legión de lectores que han disfrutado y disfrutan con quien en más de una ocasión manifestó que «esperamos que os sintáis agradecidos por haber nacido en un mundo tan mágico».

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