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La indomable Ignacia Zabalo, musa de los dibujantes de Euskadi

Una exposición en la Biblioteca Foral muestra el empuje del sector en el Día de la Ilustración Vasca

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Era moderna sin pretenderlo. Definía en pocos trazos, con elegancia y claridad. Tenía debilidad por la geometría, pero no se conformaba con las líneas puras y desnudas.
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Ignacia Zabalo Ballarín (San Sebastián, 1905-Barcelona, 1939) arropaba todo lo que dibujaba, con adornos, pliegues y arabescos.
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Las trenzas y las flores, las patillas y las volutas del humo de los cigarrillos le servían para insuflar vida y movimiento a sus ilustraciones.
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Fue la primera vasca en ganarse la vida como profesional del sector y ha llegado la hora de celebrar su talento para que toda la ciudadanía se acerque a su obra.
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Nunca es tarde para reivindicar el trabajo de una mujer que falleció a los 34 años, víctima de un bombardeo durante la Guerra Civil que la alcanzó de lleno en el portal de su casa, en Barcelona.
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Firmaba como ‘Nor-Nai’ (Cualquiera) en un guiño a la invisibilidad secular de las mujeres, pero también como acto de resistencia y afirmación. Ella nunca pasaba desapercibida.
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El miércoles, 12 de noviembre, se festejará en su honor el Día de la Ilustración Vasca. Es la primera jornada que se consagra al sector y Euskal Irudigileak se ha volcado en la celebración con el patrocinio del Gobierno vasco y la Diputación.
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De modo que no solo se inaugurará una exposición en la Biblioteca Foral con sede en Bilbao (C/ Diputación 7), sino que también habrá actividades en librerías especializadas, galerías, talleres de artistas y centros formativos de toda Euskadi.
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«Para más información, porque hemos preparado un folleto muy detallado, lo mejor es acudir a nuestra página web (euskalirudigileak.com). Le hemos puesto cariño y habrá mucho que ver y aprender. Estamos en un momento clave para todos nosotros», asegura Kike Infame, presidente de la Asociación de Ilustradores de Euskadi y también de la federación estatal.

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La personalidad arrolladora de Ignacia Zabalo Ballarín servirá de punta de lanza para reivindicar un colectivo profesional que en la actualidad se enfrenta al acoso y derribo de la Inteligencia Artificial (IA), cada vez más extendida y voraz. «Hay gente que lo ve una amenaza puntual y principalmente de sectores como el nuestro, pero tiempo al tiempo». El problema no es solo la obsesión por reducir costos, sino la pérdida de valor de la originalidad. Cualquier trabajo mínimamente creativo, de cualquier disciplina, puede terminar desapareciendo si se recurre a la IA sin control.
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Neskita donde se aprecia la combinación de puntos y rayas para crear profundidad que caracterizaba a Ignacia Zabalo.
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Dibujar, escribir, componer… son actividades que suponen un tiempo de reflexión, para despejar dudas y enmendar errores. Un proceso más o menos largo que siempre trae consigo frutos. «¡Ahí está la autoría! Se trata de la plasmación o ejecución de la idea que tienes en la cabeza». Los creadores trabajan duro para tener una voz propia –requisito indispensable para plantearse una carrera de fuste–, mientras que la IA siempre echa mano del material preexistente y, además, sin necesidad de pedir la autorización de nadie. Los algoritmos ‘vampirizan’ la imaginación ajena porque son incapaces de aportar nada nuevo. «Es una tecnología que uniforma los contenidos. Lo singular o lo extraordinario no tienen cabida en el marco de la Inteligencia Artificial. No tiene humor ni ironía. El factor humano aporta una frescura que se escapa a la IA».
Hermanos influyentes
Ignacia Zabalo Ballarín, paladín de la ilustración vasca, no tenía nada de convencional. Nacida en un hogar acomodado de familia numerosa, ni se casó ni tuvo hijos. Era un verso libre que dibujaba desde niña. Tenía el sentido de la proporción de su hermano Pablo, el arquitecto que diseñó las casas de los paseos Colón y Ramón María Lili en San Sebastián, y la facilidad para el trazo de su otro hermano, Jon ‘Txiki’, aquejado de una grave deformidad en la columna vertebral que no le impidió descollar como caricaturista, ni brillar como ilustrador del material didáctico para las ikastolas.
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Corrían los años 20 y todo era posible delante de una página en blanco. El mundo de la ilustración estaba en eclosión, con el auge de la industria publicitaria y el abaratamiento de las tecnologías de impresión de alta calidad.
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Bajo el alias ‘Nor-Nai’, la más inquieta de los Zabalo dejó huella en programas de fiestas, carteles, portadas de libros, anuncios comerciales… En las revistas ‘Argia’ y ‘Agere’, una publicación de los jesuitas destinada a jóvenes, se foguea y da muestras de su admiración por Zuloaga y Alfons Mucha. No tardó en tocar techo en Euskadi y marchó a Barcelona en 1931, donde se sentía más a sus anchas y siguió creciendo como artista. Poco se sabe de esa época.
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Entre otras cosas, diseñó la portada del silabario para enseñar catalán y colaboraba con la imprenta Elzeviriana y la librería Camí. Su futuro parecía encarrilado pero en un segundo lo perdió todo. Un obús la mató y desaparecieron todos los dibujos que atesoraba en su estudio.
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El ejemplo de ‘Nor-Nai’ sigue vivo en el siglo XXI. No se ha perdido la fuerza de voluntad ni el compromiso con el oficio, pese a que la precarización se agudiza y los derechos de autor peligran y hasta se anulan con la Inteligencia Artificial. El III Libro Blanco de la Ilustración, elaborado por la Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP), revela que 8 de cada 10 han visto congelados o reducidos sus ingresos desde 2019. Más de la mitad deben combinar la ilustración con otros empleos para subsistir.
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Pero la efervescencia no remite. En la ilustración vasca destaca la diversidad de estilos, desde el expresionismo contundente de Maite Rosende (sin perspectiva y con un uso primario de los colores) hasta el minimalismo lírico de Elena Odriozola (de paleta suave y niños de cuello corto), pasando por el universo fantástico de Iban Barrenetxea, un entusiasta del cine mudo y las películas de Errol Flynn, que apuesta por criaturas deformes que irradian elegancia y sobriedad. Un panorama muy distinto al que tenía delante Ignacia Zabalo Ballarín hace un siglo.
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El tributo a la pionera vasca de cuatro Premios Euskadi
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Y todavía más: nosotras somos mayoría. El auge de la literatura infantil y juvenil, así como la proliferación de editoriales y publicaciones en euskera, ha alentado la incorporación del talento femenino. En Euskal Irudigileak hay 164 socios y el 74% son mujeres. La contrapartida: hay una brecha salarial tanto en el trabajo autónomo como por cuenta ajena. Así las cosas, el alias de la pionera vasca, Nor-Nai (Cualquiera), está más en boga que nunca. Hay un espíritu mosquetero, de uno para todos y todos para uno, que no se rinde y reivindica sus derechos. Hombres y mujeres han marcado el 12 de noviembre en rojo, a mano y con rotulador. El toque humano deja más huella.
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La carrera imparable de un arte
Inicios (siglo XIX). La débil coyuntura editorial dificultó el desarrollo de un perfil profesional vinculado a la ilustración. Un caso excepcional fueron las hermanas Hélène y Blanche Feillet (Hennebutte), nacidas en París pero afincadas en Bayona.
Transición (1850-1895). El pintor bilbaíno Anselmo Guinea, vinculado a la ilustración durante toda su carrera, colabora en publicaciones de Madrid, Barcelona y Bilbao. También es reseñable la aportación de Adolfo Guiard, aunque más limitada. En 1894 se publica la tira más antigua conocida, que lleva la impronta de Biktoriano Iraola, en las páginas de ‘El Thun thun, semanario koshero’.
Gran salto (1910-1930). Eclosión de la ilustración vasca. En Bizkaia destacan José Arrue y Antonio de Guezala, junto a los hermanos Aurelio y Félix Arteta, Isidoro Guinea y Nicolás Martínez Ortiz. También es vital Luis Lasheras Madinabeitia al fundar la empresa publicitaria ‘Punto’. En Gipuzkoa marca un hito la actividad de Pedro Antequera Azpiri y Eduardo Lagarde, así como la nueva hornada de las Escuela de Artes y Oficios. Los hermanos Jon ‘Txiki’ e Ignacia Zabalo viven el apogeo de la ilustración. Los elementos modernos del cómic (bocadillos y onomatopeyas) aparecen en 1918 de la mano de ‘Teles eta Niko’, de autor desconocido, en la revista ‘Euzko Deya’. En 1927 aparece ‘Txistu’, un tebeo impulsado desde Madrid por Abdon González de Alaiza.
Ruptura: 1936-1975. La Guerra Civil y la dictadura provocaron un trauma profundo. El mundo gráfico en euskera queda prácticamente aniquilado.
Renacimiento: 1975-2000. Cambio de paradigma. Resurgimiento del cómic en TMEO (1987), autoediciones y fanzines. Primeros intentos de profesionalización. Se crean infraestructuras (editoriales y asociaciones) y cala profundamente el cómic francobelga, el underground americano y el manga.
Consolidación: siglo XXI. Eclosión del álbum ilustrado en euskera y castellano. Astiberri aparece en 2001 y se convierte en editorial de referencia nacional e internacional. Se constituye Euskal Irudigileak (2003) y se profesionaliza el sector. En 2009 nace el Premio Euskadi de Ilustración y la diversidad estilística es la tónica dominante. Conviven técnicas tradicionales (acuarela, tinta, grabado…) y medios digitales. El horizonte temático también se amplía, con álbumes infantiles, novela gráfica adulta, cómic histórico y político, medicina ilustrada…
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