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Las victorianas

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Alicia Giménez Bartlett

Sábado, 13 de diciembre 2025

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Debo decir con toda precaución que, de las escritoras clásicas victorianas más conocidas, la que menos me gusta es Jane Austen. ¡Cielos, vaya manera de empezar un artículo sobre la venerada autora!

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Seamos serios, Austen tiene una prosa excelente y sigue interesando a los lectores en nuestros días. Recordemos la serie de novelas de ‘cozy crime’, escritas por Jessica Bull: ‘Jane Austen investiga’, que ha obtenido un notable éxito, sobre todo en Inglaterra. Sigue teniendo una dimensión popular y un tirón público más que considerable.

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Sin embargo, a mí siempre me ha parecido demasiado contenida, un poco convencional e incluso un pelín cursilona. Puestos a escoger, me inclino por las hermanas Bronte, biográficamente más interesantes, más rebeldes, más desmesuradas.

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Anne fue la menos conocida porque, tonta de ella, se dedicó a la poesía. Luego viene Charlotte en mis preferencias. Su ‘Jane Eyre’ logra una descripción ajustada y certera de la sociedad de la época, con toques de humor más marcados que su colega Austen.

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Por último, la «loca de la casa»: Emily. Con sus ‘Cumbres borrascosas’ se marca un desmadre romántico gótico de mucho cuidado. También esta novela sigue gozando del favor de los lectores y los adaptadores a lo audiovisual. Es tan excesiva que resulta cautivadora. Sin duda, la más imaginativa de las tres.

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Apuntada mi escala de preferencias, confesaré que el número uno en mi podio personal lo ocupa Georges Elliot. Es atrevida, intelectual, con un humor mordaz, fría en los análisis, aguda en la caracterización de personajes, crítica más que descriptiva en lo que se refiere a las costumbres de la época.

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Quien no haya leído ‘Middelmarch’ no sabe lo que se pierde. Su biografía nos indica que se rebeló contra las imposiciones morales que caían a plomo sobre las mujeres.

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Nunca se limitó a escribir sobre la ansiada libertad femenina, sino que la puso en práctica. Me encanta su uso de la ironía, el claro sustrato cultural de sus ideas. Muchos objetarán que a sus novelas le faltan sentimientos. Eso es positivo desde mi punto de vista.

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En cualquier caso, todas las victorianas tuvieron muchos puntos comunes en sus vidas: padres autoritarios y moralistas, enfermedades, lucha contra el hecho de escribir siendo mujeres… En fin, no les envidio la suerte, sí el talento.

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