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Lorenzo Silva en la corta distancia

 El autor reúne en un volumen los relatos que ha ido escribiendo a lo largo de cuarenta años y que quedaron dispersos

 

Sábado, 3 de enero 2026

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Las recopilaciones de cuentos o textos de otra naturaleza que un novelista ha podido ir escribiendo a lo largo de toda su trayectoria creativa, bien por encargo o por mero capricho, y que quedaron inéditos o dispersos en azarosas publicaciones, sirven para trazar un retrato completo de su evolución, de la consolidación de su estilo y de la conformación de ‘un mundo propio’. Este es el caso de ‘Afanes sin provecho’, la última entrega de Lorenzo Silva, un volumen que recoge veintiocho piezas narrativas escritas entre 1984 y 2024. La que abre el libro se titula ‘El verdadero crimen perfecto’ y está ambientada en la etapa final de la larga Guerra del Rif. El relato nos lleva a «una noche de poca luna» del año 1927 en las montañas de Beni Arós, donde un soldado español asesina a otro a sangre fría en cumplimiento de una venganza que había estado tramando durante mucho tiempo. El escenario bélico, que el autor domina a la perfección por sus conocimientos del universo castrense, sirve de inmejorable coartada para ese ajuste de cuentas en el que la inicial segunda persona que utiliza el asesino para dirigirse a su víctima de una manera inclemente va sufriendo diversas alteraciones.

El volumen se cierra con un ‘Apéndice’ subtitulado ‘Tres historias en forma de chat’, que reúne tres diálogos que -según nos explica el autor en una breve nota introductoria- fueron redactados en 2018 para el proyecto de una web cerrada pocos años más tarde. En ‘¿Despierta?’, el primero de esos diálogos, un ‘Usuario desconocido’ entabla una conversación con una tal Raquel en clave de flirteo que va reflejando un desarrollo narrativo. Partiendo de las resistencias iniciales de la chica abordada por un ser anónimo, la charla va adquiriendo un tono cada vez más íntimo, comprometido y explícito hasta llevarnos a un sorpresivo desenlace. En ‘Revuelto de setas’, el segundo diálogo, de nuevo abre el fuego coloquial un ‘Usuario desconocido’ que se dirige a un tal Max sorprendido de que su interlocutor sepa perfectamente qué plato acaba de prepararse en su propia cocina. Finalmente, en ‘Tu único amigo’, el tercero de esos diálogos en forma de chat, el que responde al nombre de Manuel, y se identifica como miembro de una unidad de la policía judicial, se dirige a un delincuente, Felipe, con el propósito de que este se entregue. En el intercambio de palabras, surge la figura de la hija de este último, que corre peligro, como surgen unas alusiones al general Domingo Batet, fusilado en 1937 por su lealtad a la República, un tema que a Lorenzo Silva le ha interesado siempre y con el que se ha sentido identificado a lo largo de su trayectoria literaria.

 

Los textos recogidos en ‘Afanes sin provecho’ poseen un carácter de lo más variado en cuanto a intereses temáticos y al propio estilo, pero en todos se advierte un aliento narrativo que a veces roza lo experimental, como es el caso de ‘Boceto de muchacha al atardecer’, uno de los relatos más antiguos de los recuperados por el autor, que no solo fue escrito cuando este tenía solo 18 años sino que incluso está ambientado en aquel mismo 1984, como lo subrayan las referencias expresas a la célebre novela de Orwell que tiene ese mismo año por título. En este relato es una mujer achacosa de setenta y cuatro años la que nos habla en primera persona para invocar los horrores de la Guerra Civil y a una pariente suya, la prima Teresa, con la que estuvo unida de manera muy estrecha.

 

Destacan de una manera muy especial en el volumen las prosas de cariz autobiográfico que nos muestran a un Lorenzo Silva inédito, muy distinto al de las ficciones del género negro protagonizadas por el tándem de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro; al de las novelas que ha escrito en colaboración con Noemí Trujillo, su cónyuge, o a las de temática independiente que no se inscriben en ninguna serie. Así, en ‘Vestido de azul’ narra su experiencia en el servicio militar que él cumplió en Aviación: «Yo, que a la sazón me creía un joven ingenioso, ilustrado y prometedor, me vi de pronto reducido a algo cuyo valor era bastante inferior al de la mierda: un recluta», (página 134). En otro de ellos, el titulado ‘La luz de Madrid’, que aparece en el ecuador del libro, se nos revela un Lorenzo Silva directamente lírico que celebra, tras siete años de ausencia, el reencuentro con la luminosidad castellana. ‘Afanes sin provecho’ es, en fin, un libro que muestra al escritor en la corta distancia tanto en lo que toca al género del relato como en lo que se refiere a la proximidad emotiva con el lector.

  1. Hay fantasía más allá del detective Charlie Parker

 

Sergio García

Sorpresa: uno escoge en el anaquel una novela de John Connolly esperando encontrarse con el siempre tenebroso Charlie Parker y después de 50 páginas se ve inmerso en un libro de fantasía en la estela de ‘Alicia en el País de las Maravillas’, con árbol incluido que sirve de portal de entrada a una realidad paralela. Connolly, ya lo saben -y si no se lo recordamos aquí- es un autor que ha hecho del thriller esotérico un subgénero exitoso, un divertido entretenimiento por mucho que sus novelas hayan perdido con el paso del tiempo la fuerza y el lustre de ‘Todo lo que muere’, aunque su detective mantenga el carácter torturado que le caracteriza. Demasiados fantasmas y pocas ganas de librarse de ellos. Pues bien, Ceres, la protagonista de ‘La tierra de las cosas perdidas’, sufre de la misma afección cuando es lanzada a un mundo de ninfas vengativas, arpías desasosegantes, gigantes rudos pero justos y humanos a los que la ambición ha envilecido hasta el tuétano. Ha dejado en el mundo real a una hija en coma cuya sanación está en el alero y eso le consume el alma, devorada por los remordimientos. En su lucha contra el Hombre Torcido o la Pálida Dama Muerte no estará sola. Le acompañarán el Leñador, las criaturas del bosque y un personaje sacado de una novela anterior de la que esta es secuela. No teman: se puede leer una sin conocer la otra. Que Ceres regrese a su mundo siendo la misma que era ya es otra historia.

  1. ¿Una heterosexualidad culpable?

 

Iñaki Ezkerra

 
 

Creíamos que la culpa sexual era algo propio de la moral tradicional, agravada en el caso español por la represión de la educación nacional-católica que quedó superada en los años crepusculares de la Dictadura. Pero ‘Teoría del juego’, la novela escrita originalmente en lengua catalana con la que Arià Paco (Igualada, 1993) ha ganado la última edición del Premio Llibres Anagrama, parece desmentir esa creencia. Ernest, su protagonista es un milennial que se avergüenza de algo que ha dicho mientras hacía el amor en la primera página con una chica que también se avergüenza de lo que ha dicho ella. «Lo más cierto de mi interior es malo», afirma él. Y, de ahí, pasa a una serie de disquisiciones morales por las que concluye que no puede hablar del amor si no es a través de otros narradores: «¿Cómo quieres que lo narre con esta voz?», pregunta. El texto es el desarrollo de esa estrafalaria propuesta que convierte el deseo en una cuestión metaliteraria. Con ese discurso de la culpa heterosexual, que no deja de ser una insólita paradoja en la España de la Ley Trans, se nos narra la enrevesada travesía erótica del héroe desde la infancia hasta la juventud y a su relación con una tal Aurora. Entiéndase, Ernest es un muchacho que se maneja como pez en el agua con las redes y las webs de citas, el sexo real y el virtual del porno, las consignas wokistas y las feministas, pero no es capaz de expresar su deseo sin autojustificarse. ¿Nos descubre esta novela una nueva masculinidad o la sopa de ajo puritana de los viejos curas en versión posmoderna?

  1. Un viaje alrededor de Friedrich

 

Jon Kortazar

Florian Illies (1971) trabajó como periodista cultural en el suplemento cultural de ‘Die Zeit’ tras haber escrito para ‘Frankfurten Allgemein Zeitung’. Ha publicado obras de difusión cultural con relevante éxito. El ensayo ‘La magia del silencio’, que ha vendido más de trescientos mil ejemplares, es una curiosa y original forma de acercarnos a la vida y obra del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich (1774-1840). Illies traza una estrategia sencilla, pero eficaz, para abordar la figura del pintor alemán. Su obra se divide en cuatro partes, cada una de ellas dedicada a un elemento natural: Fuego, Agua, Tierra y Aire. Una obra del pintor abre el pórtico de cada capítulo y sirve de nexo de unión para contarnos la vida del artista y su recepción, desde el desprecio y el anonimato a la admiración y la actual consideración. Dentro del capítulo el autor traza unos hilos que conducen, como si fuera una navegación en internet, al tiempo de Caspar David Friedrich y a nuestro presente. Realiza conexiones desconocidas entre la obra del pintor y el mundo actual, con especial atención a la consideración que el nazismo realizó de Friedrich. Se detiene en la definición que el nazismo plasmó sobre él, como un pintor del espíritu alemán de las montañas, añadiendo irónicamente que también pintó, y no pocas, marinas. La vida del pintor se cuenta como si fuera una novela, que va y viene hasta su reflejo en la actualidad.

  1. La madre invisible

 

Iñigo Beraza

Si hay un país que en las dos últimas décadas se ha convertido en una potencia global cultural, ese es Corea del Sur. El fenómeno Hallyu (literalmente, ola coreana) abarca diversas modalidades: la música (K-pop), con bandas internacionalmente conocidas como BTS o Blackpink, cuyo éxito se apoya en la conexión digital con su público; el cine (K-cinema), con la oscarizada ‘Parásitos’ como máximo exponente; las series (K-dramas) como ‘El juego del calamar’, fenómeno universal, y las innumerables telenovelas que inundan las plataformas de pago; o la gastronomía, visible en la expansión mundial de los restaurantes de barbacoa coreana.

También la literatura ha ido ganando prestigio fuera de sus fronteras. El Nobel de 2024 concedido a Han Kang fue una confirmación de un proceso que llevaba años gestándose. Sin embargo, antes del premio la escritora más conocida y leída en Corea era Kyung-sook Shin. Nacida en 1963, fue la primera mujer en ganar el Man Asian Literary Prize con su libro ‘Por favor, cuida de mamá’, publicado en 2008. Con más de 2.500.000 ejemplares vendidos, la novela parte de una escena tan sencilla como devastadora: una mujer desaparece, en medio de la multitud, al separarse de su marido, cuando se cierran las puertas de un vagón en el abarrotado metro de Seúl. La familia inicia su búsqueda, pero se dan cuenta que ninguno tiene una foto reciente de ella. Esa ausencia se transforma en símbolo: solo cuando la madre no está, todos comprenden lo poco que la conocían. La desaparición física se convierte en metáfora de la invisibilidad cotidiana de tantas mujeres que sostienen el mundo desde el silencio.

Escrita desde el punto de vista de cada miembro de la familia, la autora combina la narración en segunda y tercera persona, cuando cuentan la historia el padre, la hija o el hijo. Sin embargo, cuando llega el turno de la madre, usa un impactante yo que irrumpe como un eco que da sentido a toda la novela, consiguiendo un testimonio tan poético como desgarrador.

La prosa de Kyung-sook Shin es sencilla y lírica, con un tono melancólico, aunque a veces demasiado melodramático, pero sin querer buscar la lágrima fácil, invitándonos a reflexionar, con frases tan impactantes como «Su cuerpo era su forma de amar, su cansancio era su manera de decir estoy aquí» o «Cada plato que cocinó fue una carta que nadie leyó».

La autora consigue que una historia local se convierta en una tragedia universal. Es una elegía íntima a todas las mujeres invisibles contemporáneas y, al mismo tiempo, un espejo para quienes las rodeamos. El lector termina la novela con una mezcla de ternura, tristeza y gratitud. Quizás porque, en algún momento, todos hemos sido esa hija o hijo que no supo ver a tiempo lo esencial y fundamental que es una madre.

  1. Mihail Sebastian y la cuestión judía

 

Pablo Martínez Zarracina

El rumano Mihail Sebastian es conocido entre nosotros por su memorable -y descatalogado- diario de los años treinta y cuarenta y por novelas como ‘El accidente’ (Destino). Miembro de la generación bucarestina de entreguerras, amigo de Mircea Eliade y Camil Petrescu, Sebastian, cuyo verdadero nombre era Iosif Hechter, abordó en 1934 la identidad judía en una novela para la que pidió un prólogo a su maestro Nae Ionescu. Este le envió un texto furiosamente antisemita que respondía al espíritu radicalizado de la época. Por «venganza» y «obligación», Sebastian lo publicó intacto, lo que generó una enorme polémica en la que se le acusó simultáneamente de sionista, marxista y ‘húligan’, término que surgió en Rumanía para señalar a los jóvenes antiburgueses, violentos y frecuentemente racistas. Impedimenta publica ahora ‘Desde hace dos mil años’ situando el prólogo incendiario de Ionescu a continuación de la novela y antes de las respuestas de Sebastian al escándalo, que se incluyen agrupadas en un breve ensayo titulado ‘Cómo me convertí en un húligan’.

El orden de esta edición, al cuidado de Marian Ochoa de Eribe, es un acierto. Si las páginas dedicadas a la polémica constituyen un testimonio del avance de la sociedad europea hacia el abismo de la Segunda Guerra Mundial, la novela deESebastian rebosa interés por sí misma y merece ser leída en primer lugar. Se trata de un texto que combina la novela de formación con la de ideas y completa un retrato vivísimo de una época feroz. Adopta la forma de un testimonio autobiográfico y está protagonizado por un alter ego evidente del autor. El libro comienza en 1923, cuando ese protagonista es un estudiante hostigado en la universidad por su origen judío. Diez años después, el personaje es un arquitecto que le construye una casa al profesor que fue su maestro. De un modo provocador, elíptico y enormemente moderno, el autor describe la formación intelectual y sentimental del protagonista, que termina convirtiéndose en un hombre solitario y racional, una especie de tercero excluido entre fanáticos. Su doble condición de judío y rumano eleva el debate sobre la identidad y la pertenencia, y el deseo contradictorio de integración y distancia. Entre la ironía amarga y el desgarro, la cuestión judía estalla en una discusión final que anticipa la inevitabilidad del drama europeo. «Estaría muy bien que pudiésemos ser exterminados», llega a ironizar el protagonista. Mihail Sebastian es un gran retratista psicológico y uno de esos escritores cuya prosa pone a funcionar ideas. Entre los placeres secundarios de esta novela, ver en acción a un intelectual llamado Stefan Parlea que invoca el abismo y la violencia por los cafés de Bucarest y es un doble evidente del joven Cioran.

  1. Ternura costumbrista en tiempos impersonales

 

Miguel Aizpuru

Pese a su juventud, Mario García-Atucha (Bilbao, 1998) rompe con las corrientes literarias actuales y apuesta por una construcción clásica en el desarrollo de la historia que arma con paciencia en las 476 páginas de ‘Blas de Umbe’ (Editorial Pre-Textos). Y lo hace con maestría, dominio de los diálogos y una sensibilidad particular a la hora de plasmar las inquietudes y reflexiones de sus personajes.

Aunque emplea a un perro como narrador y ‘leitmotiv’ de la trama, esta novela nada tiene que ver con esa literatura posmoderna y tediosa de animales tan en boga, sino que es un constumbrista retrato familiar que reivindica la importancia de los lazos afectivos, la madurez y la reflexión. Todo ello a través de una prosa rica y sincera, sencilla a la par que honda, y repleta de ternura y humanidad (o humanismo, si se prefiere). Un estilo literario que se aprecia más si cabe en tiempos adversos, impersonales y artificiosos como los que corren.

Tiene además ‘Blas de Umbe’ alicientes para el lector vizcaíno en cuanto a sus escenarios principales: lugares tan reconocibles como Bakio, Sopelana, Plentzia o la urbanización de chalets de Laukiniz que da título al libro. Y todo ello enriquecido con referencias a poemas de Aleixandre y Unamuno o guiños más actuales, como las canciones de los getxotarras McEnroe. Un debut valiente, que rompe moldes y se aleja sin miedo de las imposiciones de la narrativa actual.

  1. Nuestras abuelas de aquí y de allá

 

Elena Sierra

No es una novela, pero casi se lee como si lo fuera. Coral, mucho, con todas esas mujeres campesinas polacas de la primera mitad del siglo XX, es decir, de la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la religión como guía (y cadena) y la violencia desde la cuna. Reúne un montón de testimonios, bien aquellos que quedaron recogidos en diarios, cartas, relatos, crónicas periodísticas, o bien aquellos que han pasado de generación en generación dentro de las familias, con muchos datos, para ofrecer una imagen completa de lo que significaba ser mujer entonces en el campo polaco. Si este libro fuera una novela, las voces de las narradoras se irían dando el relevo sin transición: distintas versiones de lo mismo, cada cual aportando una dimensión más a una vida terrible, todas la misma historia compartida.

No es que a los niños y hombres les fuera mejor en la época en ese contexto -se menciona a veces la palabra siervo, que es lo que fueron los miembros de la generación anterior- pero al menos ellos no son considerados ‘prescindibles’. Este adjetivo lo marca todo durante décadas. Una mujer vale lo que vale su dote, su esfuerzo en todos los ámbitos (el trabajo en el campo, con el ganado, en la casa, en el mercado) y su capacidad de parir, es decir, de crear mano de obra nueva. Ellas no merecían ni educación ni cuidados, ni por supuesto poder decidir sobre sus cuerpos. Encontrarse hoy con estas ideas nos recuerda de dónde venimos, y no hace tanto. En Polonia y aquí mismo.

  1. Nada es lo que parece

 

T. García

Una riada en la costa catalana no sólo se lleva por delante todo lo que tiene por delante, sino que demuestra que nada es lo que parece. Nada, y sobre todo nadie, ni tan siquiera lo más cercano, lo mas querido. Lo que en un primer momento parece un drama familiar fluye hacia una trama compleja que termina adentrándose en redes financieras internacionales, mientras la protagonista, Mía, trata de averiguar quiénes son los que le rodean y comprueba cómo toda la vida que ha construido a su alrededor se va desmoronando. Porque, en realidad, gran parte de ella ha sido una farsa.

La escritora vizcaína Cristina Gumuzio, que sigue compaginando su labor como narradora con su trabajo como farmacéutica -en una nueva demostración de que la literatura ‘profesional’ da para muy pocos-, aborda en su nueva novela, un denso ‘thriller’ en el que se entremezclan las redes de poder con la violencia vicaria, algun os de los elementos que caracterizan un trabajo que avanza paso a paso y con una línea que se ha visto en novelas anteriores. ‘La última vez que lo vio’ pone sobre la mesa, además, cómo en la sociedad actual todo es susceptible de comprar y venderse. En el siglo XXI todo es una mercancía en la que algunos se lucran a través de mentiras. También el agua, un elemento que empapa una novela de 247 páginas hasta un final sin concesiones.

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