.

.

Los gimnasios son los nuevos bares: «Organizamos salidas al monte, cenas… La gente busca algo más que hacer deporte»

 Se han convertido en el nuevo epicentro de las relaciones sociales donde se crea comunidad, se liga y surgen planes

 

Miércoles, 4 de febrero 2026

.

 

.

Los gimnasios han mudado de piel, se han convertido en el epicentro de las relaciones sociales.

 

Son los nuevos bares, cafeterías, oficinas y discotecas.

 

Porque aunque haya excepciones, las personas que acuden a entrenar buscan algo más que potenciar su bienestar, mejorar la salud o esculpir su cuerpo.

 

También quieren crear comunidad, estrechar lazos, encontrar pareja, conocer a gente que comparte las mismas inquietudes, combatir la soledad, sentir que pertenecen a un grupo y organizar planes como ir al monte, tomar una cerveza o hacer una sesión de ‘running’ con personas afines. Están en auge y tienen un gran poder de atracción.

 

Solo hace falta dar un paseo por Bilbao para encontrarse con uno a cada paso.

 

En 2019 había 35 gimnasios en la capital vizcaína y el año pasado la cifra ascendió a 80, según el Instituto Vasco de Estadística, Eustat.

 

Abundan los ‘low cost’, ubicados en lugares céntricos y estratégicos que cuentan con instalaciones amplias en las que conviven diferentes generaciones.

 

Su precio ronda los 25 euros al mes, aunque la cifra varía en función del centro y de la tarifa que se contrate.

 

Otros, en cambio, son más exclusivos; cuentan con spa, piscina, ludoteca, cafetería, restaurante y otro tipo de servicios y su precio se aproxima a los 100 euros mensuales.

 

EL CORREO ha recorrido algunos de ellos para conocer de cerca esta realidad, y la conclusión es que en muchos casos se han convertido en el lugar en el que se define la vida social.

 

En el centro Fitness Brooklyn de la calle General Concha, un grupo de chicas conversa antes de entrar a clase.

 

Se ponen al día y saludan a su entrenadora Shania mientras se colocan las vendas y los guantes de boxeo. Se palpa el buen rollo.

 

«Aunque vengas sola acabas haciendo piña. Hay gente joven, más mayor… Me gusta la diversidad», cuenta Paula Espinosa, de 22 años.

 

«A veces las madres vivimos en el caos. Venir aquí es una forma de desconectar, hacer ejercicio y conocer gente nueva», añade Maider Viteri, del mismo grupo.

.

Shania Ubierna, monitora, en una clase de Brooklyn Fitboxing.

.

Shania Ubierna, monitora, en una clase de Brooklyn Fitboxing. Mireya López
.
.

«Uno de nuestros objetivos es crear comunidad. Organizamos salidas al monte, comidas en algún txoko, cenas de Navidad o nos apuntamos a carreras.

 

El último viernes de cada mes también les invitamos a una cerveza en el centro. Este tipo de encuentros hace que la gente siga enganchada.

 

Vienen porque tienen un círculo social y porque se sienten a gusto», sostiene Desirée Gabarra, monitora y responsable del centro de Getxo.

 

También se convierten en el sitio idóneo para conocer gente con los mismos intereses de forma menos forzada que en las aplicaciones, según los expertos.

 

«Estamos en un momento en el que la salud está de moda, por suerte. A la gente igual le interesa más conocer a alguien en un gimnasio que en una fiesta con alcohol de por medio.

 

Aquí han surgido parejas que han tenido hijos», relata Gabarra. Se trata de una tendencia social marcada por la búsqueda del bienestar integral y la influencia de las redes sociales, donde cada vez se comparten más consejos para tener una rutina saludable, retos virales, diferentes tipos de entrenamiento… Todo ello enfocado en un estilo de vida ‘healthy’.

.

Un grupo de alumnas conversan con su monitora después de una clase en el gimnasio Being Fit.

.

Un grupo de alumnas conversan con su monitora después de una clase en el gimnasio Being Fit. Mireya López
.
.

En este sentido, Garbiñe Henry, doctora en Sociología y directora de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto, señala que los gimnasios cumplen con todos los hábitos saludables que está adquiriendo la juventud.

 

«Son un punto de encuentro. La gente joven sale menos de noche.

 

Antes, los bares y las discotecas eran los lugares de socialización, pero ahora son los gimnasios.

 

Aunque algunas aplicaciones facilitan conocer a otras personas, tienes que buscar un punto de encuentro, algo para hacer juntos.

 

En el gimnasio eso se consigue de forma más natural», relata. En términos de emprendimiento, Henry asegura que cada vez son más los jóvenes que se lanzan a crear proyectos en torno al bienestar, ya sean presenciales u ‘online’. «Les interesa emprender en el ámbito del deporte y, en concreto, de los gimnasios».

 

Las instalaciones también han dado un giro de 360 grados. Ahora son más grandes y cuentan con enormes salas de culturismo y de musculación, muchas de ellas con cristaleras que dan a la calle.

 

La gente se ejercita con mancuernas, barras y otro tipo de materiales mientras los viandantes que pasean por la zona miran de reojo. Se trata de otro concepto y otra estética.

 

A los que entrenan les gusta verse bien, lucirse y, en muchos casos, que les miren, porque aunque la salud siga siendo un pilar fundamental, la estética ha pasado a un primer plano.

 

En el centro Fitness Park de Zubiarte, un gimnasio de más de 1.700 metros cuadrados, la mayoría entrena con cascos, aunque de fondo también suena Bad Bunny para los que prefieren sudar la gota gorda con motivación sin necesidad de estar enchufados a los auriculares.

 

Sus instalaciones responden a las tendencias y necesidades actuales. Prueba de ello es la zona de ‘posing’, un espacio con luces y espejos diseñado para que culturistas y entusiastas del ‘fitness’ puedan ver la evolución de su cuerpo, practicar poses y sacar fotos y vídeos.

 

Hombres y mujeres comparten espacio en la zona de culturismo y de fuerza, algo que, según los expertos, antes no era tan habitual. «He visto una evolución clara en este sentido.

 

Antes las mujeres solo hacían trabajo cardiovascular y clases dirigidas, pero a día de hoy entrenan igual que ellos. Creo que es algo muy positivo, porque la fuerza nos beneficia por igual», relata Eduardo Bollegui, director técnico y entrenador personal en el gimnasio Up & You de Bilbao, que lleva desde el 2010 trabajando en el centro.

 

.

Eduardo Bollegui hace ejercicios en el gimnasio Up & You de Bilbao con pesas rusas.

.

Eduardo Bollegui hace ejercicios en el gimnasio Up & You de Bilbao con pesas rusas. Mireya López
.
.

Interés a partir de los 16 años

Los expertos también han notado que los chavales se apuntan cada vez antes y acuden a entrenar con la cuadrilla de amigos. «Es algo que vemos en chicos y chicas de entre 16 y 19 años.

 

Sin duda alguna, lo que les motiva en mayor porcentaje es la estética. Creo que puede ser una puerta de entrada a la práctica de ejercicio y a adquirir buenos hábitos en el futuro», desliza Bollegui.

 

En este sentido, Irati Garzón, psicóloga colegiada en el Colegio Oficial de Psicólogos de Bizkaia y especialista en Psicología del Deporte y la Actividad Física, señala que muchos adolescentes ven el gimnasio como un espacio donde sentirse «competentes, autónomos y reconocidos». «La adolescencia es una etapa en la que el cuerpo adquiere un papel central en la construcción de la identidad.

 

A diferencia del deporte escolar tradicional, por ejemplo, ofrece mayor autonomía, horarios más flexibles y la posibilidad de trabajar objetivos individuales. Además, encaja mejor con una cultura actual muy centrada en la imagen, la autoexigencia y la mejora personal visible», detalla.

 

Pero ojo. Puede haber riesgos si la práctica se centra exclusivamente en los logros estéticos. «Los principales aparecen cuando el valor personal empieza a medirse casi exclusivamente por el aspecto físico.

 

Y, entonces, esto puede derivar en conductas de entrenamiento excesivo, dietas restrictivas o desequilibradas, ansiedad, frustración o culpa si no se alcanzan ciertos objetivos, incluso problemas de imagen corporal o trastornos de la conducta alimentaria».

 

Por ello, recalca, hay que entender el ejercicio «como una herramienta de bienestar y no como una fuente de presión constante».

Hasta cafeterías y ludoteca

Cada vez son más los gimnasios que han modernizado sus instalaciones con cafeterías, restaurantes y salas de reuniones, convirtiéndose en un punto de encuentro y ofreciendo un lugar para socializar.

 

«Son un sitio que la gente ya integra en sus vidas. Muchas personas van a la cafetería después de trabajar, sacan sus tablets, hacen reuniones y comen algo. Se convierte en una especie de oficina», asegura Eduardo Bollegui.

 

A pesar de que los macrogimnasios hayan irrumpido con fuerza, todavía persisten aquellos espacios más pequeños y enfocados en grupos reducidos, como Being Fit, un gimnasio boutique de clases dirigidas creado exclusivamente para mujeres.

 

«Queríamos montar un centro deportivo pero veíamos que no podíamos competir con los grandes. Aunque hombres y mujeres tengamos objetivos parecidos como perder peso o ponernos fuertes, la localización de la grasa en el cuerpo es diferente. Sabemos que el ciclo menstrual o la menopausia también afectan.

 

Por esa razón, pensamos que era buena idea crear un centro teniendo en cuenta los gustos y necesidades de la mujer», explica David Mena, responsable del gimnasio, ubicado en pleno centro de Bilbao.

.

.

.

· Link

.

.

.

.

.

.

..

.