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Se busca director de colegio: Por qué no hay relevo para casi la mitad de los cargos que quedan vacantes en Euskadi

A Educación le faltan voluntarios para asumir las riendas en el 40% de los centros públicos cuyas direcciones acaban su mandato en junio

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El Departamento de Educación del Gobierno vasco no ha encontrado voluntarios para ser director en el 40% de los centros públicos cuyos equipos directivos acaban su mandato en junio.
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Así ha sucedido en 44 de las 114 escuelas e institutos de Euskadi donde toca renovar el cargo, según la documentación a la que ha tenido acceso EL CORREO. La situación es más grave en el caso de los centros Específicos de Personas Adultas y las Escuelas Oficiales de Idiomas.
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De los 22 centros de este tipo cuyas direcciones quedarán vacantes, en 13 (el 59%) no se ha presentado nadie para asumir las riendas. Se trata de un problema de primer orden. Un equipo directivo estable con un proyecto sólido es uno de los elementos que más influyen en el buen funcionamiento de un colegio.
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Este grupo se compone por un director, un jefe de estudios y un secretario, aunque puede haber adjuntos en función del tamaño del centro.
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Los mandatos son de cuatro años que se pueden prorrogar sin límite siempre que se vaya renovando el proyecto educativo y se cumplan ciertos requisitos. Cuando no hay voluntarios, es inspección educativa quien, tras entrevistarse con el claustro y la comunidad escolar, designa a un responsable.
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«En los últimos años se han dado avances significativos. Los centros donde los inspectores tenemos que nombrar a alguien son pocos, aunque tenemos que seguir trabajando», expone Xabier Balerdi, inspector general de Euskadi.
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La Inspección es clave. «Acompañamos a las direcciones durante su periplo. Además de la gestión, se hace mucho hincapié en la necesidad de que ejerzan un liderazgo pedagógico», agrega.
«Hay un desequilibrio enorme entre la responsabilidad y los incentivos»
Aster Navas
Exdirector de Burdinbarra
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La falta de voluntarios es un problema histórico de la enseñanza pública tanto en Euskadi como en el resto de España, aunque la situación ha mejorado. En 2009, apenas el 30% de los centros vascos contaban con una dirección estable. Fuentes de Educación recalcan que el próximo curso serán el 89% gracias a los incentivos implementados, que se concretaron en un decreto de 2023 cuyo objetivo era profesionalizar la figura del director y «convertir el ejercicio de la función directiva en un reto profesional apasionante y atrayente».
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Algunos de esos incentivos son económicos; el plus de dirección, que puede llegar a superar los 11.000 euros anuales, se ha incrementado un 30% este curso. Si reciben una evaluación positiva, los directores consolidan parte de ese extra durante el resto de su vida laboral. Además, las personas que ostenten el cargo de director durante ocho años consecutivos disfrutan después de un curso sin carga lectiva para ayudar al nuevo equipo en la transición.
«En los últimos años se ha avanzado, Inspección tiene que nombrar directores en cada vez menos centros»
Xabier Balerdi
Inspector general de Euskadi
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No obstante, a la vista está que estas medidas no son suficientes para atraer candidatos. «Hay un enorme desequilibrio entre la responsabilidad que supone la dirección de un centro educativo y los incentivos con que se intenta compensarla», señala Aster Navas, docente y exdirector del instituto Burdinibarra de Trapagaran. En su opinión, el cargo de director es vital porque «permite marcarse objetivos y acordar con el claustro y la comunidad escolar una hoja de ruta, pensar a medio y largo plazo». «Hay centros que lo entienden así y en los que el cargo es rotativo. Ese es el único incentivo que funciona: saber que, llegado el momento, otros compañeros les van a tomar el relevo, que el compromiso es colectivo», reflexiona.
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«Ser director es un marrón», sintetiza un responsable actual en un centro del Gran Bilbao, que pide mantenerse en el anonimato. Lo primero que menciona es el exceso de burocracia. El nuevo decreto prevé dotar a los centros de personal que se ocupe exclusivamente de las tareas administrativas pero, aun así, «el papeleo es asfixiante y cada vez va a más», dice este director. Pone como ejemplo lo exigente de los protocolos contra el bullying o de prevención de la conducta suicida, dos temas a los que el departamento ha dado prioridad. «Cada vez hay más problemas psicológicos entre el alumnado, pero nos están convirtiendo en centros de salud mental. Y no sé hasta qué punto nos corresponde esa tarea», apunta.
Disponibilidad absoluta
«El día a día te acaba quemando porque hay un montón de cosas, la carga de trabajo es abrumadora», continúa este educador. «Estamos conectados las 24 horas del día los 365 días del año. Sabes cuándo entras pero no cuándo sales. Te llaman, hay reuniones por la tarde, jornadas de puertas abiertas, siempre surgen cosas, problemas de convivencia… Y el 30 de junio el resto de la gente se larga, pero tú tienes que dejar el curso organizado para que en septiembre esté todo listo», enumera. «Es mucha carga, dejar el puesto es una liberación», subraya.
«Ser director con tanta interinidad, donde hay claustros que cambian cada dos años, es duro»
Lucas Gortazar
EsadeEcPol
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Otro de los problemas para encontrar directores es la elevada tasa de interinidad en la escuela pública. Para postularse al cargo es requisito imprescindible ser funcionario de carrera y haber ejercido como docente en el centro en cuestión durante al menos cinco años.
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Pese a que el Gobierno asegura que la interinidad es inferior al 10%, el sindicato ELA sostiene que aún supera el 30%. «Hay directores que, cuando asumen el cargo, operan con un claustro que no conocen demasiado y que, además, va a cambiar dos años después», apunta Lucas Gortazar, director de Educación de EsadeEcPol.
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«Ser director en estas condiciones es muy duro. La alta rotación impide percibir la escuela pública como institución», añade. «Hay gente joven con muchas ganas, pero son interinos y no pueden optar al cargo», coincide la exdirectora de un instituto vizcaíno que también pide el anonimato.
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Esta profesional admite el «esfuerzo» que se ha hecho por «reconocer» la labor de los directores, pero pide hacer lo mismo con otras figuras como la jefatura de estudios. Y apunta al exceso de burocracia como uno de los principales elementos disuasorios, pero añade otros. Por ejemplo, la dificultad de lidiar con determinadas familias.
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«No es algo generalizado, pero hay algunas que van a por ti, te amenazan con denunciarte… Eso es difícil de gestionar y toda la responsabilidad recae sobre tus hombros», señala. En cambio, no cree que la creciente complejidad del alumnado sea un factor determinante. «Las complicaciones del alumnado son muchas, pero es algo con lo que ya cuentas, para eso tenemos vocación», sostiene.
Claustros divididos
Otro elemento a tener en cuenta es la importancia de que el claustro esté unido. El plan estratégico de la escuela pública presentado el año pasado por el Departamento de Educación ya advertía de que «aunque la mayoría de los centros perciben que cuentan con la colaboración del profesorado, un 40,2% señala que una parte de su claustro muestra baja proactividad». Sin embargo, hay colegios e institutos donde la situación no es de falta de cooperación, sino directamente conflictiva.
«Asumes la dirección por compromiso porque la carga de responsabilidad y trabajo no compensa»
Anónima
Exdirectora de instituto
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«Hay claustros que van contra la dirección de forma sistemática, es muy fácil echar la culpa y criticar sin ofrecer alternativas», señala la exdirectora. «En esas condiciones, ¿cómo vuelves al claustro cuando dejas de ser director? Conozco gente que ha pedido el traslado porque le hacían la vida imposible», afirma.
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A su juicio, «quien entra en la dirección es por responsabilidad y compromiso» porque «económicamente no compensa, es mucha carga». Un estudio de 2010 elaborado por profesores de la UPV/EHU y las universidades de Girona y Zaragoza publicado en la revista española de pedagogía respalda esta tesis. Señalaba que las dos principales razones para asumir el cargo de director en Euskadi son «el deseo de mejora del centro» y el «reto y compromiso profesional».
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Hay quien ve la botella medio llena. Es el caso de Iñigo Salaberria, presidente de Heize, la asociación de directores de la escuela pública vasca. El dato de direcciones vacantes este año «en sí no es malo, ya que se sitúa en una tendencia positiva e indica que el 60% de los que tienen que renovar tienen un proyecto educativo», afirma. «Eso sí, hay que seguir trabajando y desarrollar el decreto para que siga siendo un instrumento útil para adaptarse a las nuevas situaciones desde la evaluación y mejora continua». «Es una herramienta imprescindible para contar con direcciones sólidas con proyecto», zanja.
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