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Especulador, mujeriego y ‘showman’: así se forjó el dueño del mundo

La etapa de juventud del actual presidente de Estados Unidos, entre escándalos financieros y sobreexposición mediática, permite entender la actualidad geopolítica

 

Sábado, 17 de enero 2026

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Antes de meterse en política y convertirse en el hombre más poderoso del planeta, fue un rico heredero, un promotor inmobiliario con tendencia a la bancarrota y un showman con reality show propio y tres familias distintas. Estas son todas las vidas (anteriores) de Donald Trump.

Una personalidad tan megalómana y radical, pero a la vez tan magnética y carismática capaz de dominar la agenda global, no se construye a partir de una biografía convencional. La del presidente de Estados Unidos, desde luego, no lo es.

  1. El niño

Donald Trump (1946, Queens, Nueva York) creció en el barrio acomodado de Jamaica Estates, en Queens. Fue el cuarto de cinco hermanos en una familia bien posicionada gracias a los negocios de su padre, Fred, un influyente promotor inmobiliario que hizo fortuna construyendo viviendas unifamiliares en el barrio neoyorquino. «Era bastante rebelde cuando era pequeño», recordaría su padre de él. En un intento de enderezarle, pasó por la academia militar, aunque consiguió esquivar la guerra de Vietnam después de pedir varios aplazamientos y de que un médico le diagnosticara, muy oportunamente, espolones óseos en los talones.

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El cuarto de cinco hermanos, Trump creció en Queens y siempre tuvo en su padre, un exitoso promotor inmobiliario, a su gran figura de referencia

«Tengo un padre que ha sido siempre como una roca, muy recto y muy sólido. Mi padre se presentaba en casa todas las tardes a las siete, cenaba, leía el periódico, veía el telediario y ahí se acabó. Y yo soy casi como mi padre», contaba en sus memorias

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Después de graduarse en Económicas en la prestigiosa Wharton School de la Universidad de Pensilvania, empezó a trabajar con su padre en el negocio familiar a finales de los años 60 y en 1971, ya era el presidente de Trump Management, lo que después pasaría a llamarse la Trump Organization.

  1. El emprendedor

Su primera gran operación inmobiliaria llegó en 1976 con la construcción del Grand Hyatt Hotel sobre lo que, anteriormente, había sido el hotel Commodore y para los años 80 ya se había establecido como uno de los pesos pesados del sector inmobiliario en la ciudad y había inaugurado la archifamosa Trump Tower en el corazón de Manhattan. Al mismo tiempo, empezaba a construir su marca personal con la publicación, en 1987, del libro ‘El arte de la negociación’, un volumen a mitad de camino entre unas memorias y un manual de consejos empresariales.

«Dejé de ser un chico de barriada para convertirme en un chico de ciudad. Me hallaba en el mejor de los mundos: era joven, pletórico de energías y vivía en Manhattan, aunque tuviera que trasladarme todos los días a Brooklyn para trabajar. Una de las primeras cosas que hice fue ingresar en Le Club, que en aquellos momentos era el último grito y quizás el más exclusivo de la ciudad, como el Studio 54 en sus mejores tiempos (…) Era uno de esos lugares en los que cualquier día podías ver entrar a un ricachón de setenta y cinco años acompañado de tres suecas rubias», narraba en aquel libro, y de manera casi profética, sobre sus inicios en Manhattan.

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Trump estableció su oficina de la Trump Tower, en plena Quinta Avenida de Manhattan. Sus arriesgadas inversiones le llevaron a declarar sus empresas en bancarrota hasta en seis ocasiones. Pero hasta eso consiguió convertirlo en marca personal

«Tenía una deuda de miles de millones. Pero luché y gané, a lo grande. Utilicé mi cerebro. Utilicé mis habilidades de negociación. Y conseguí que funcionara. Ahora mi compañía es más grande y más fuerte de lo que ha sido nunca», explicaba de aquella etapa en la primera edición de The Apprentice

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A la misma velocidad vertiginosa que proyectaba nuevos hoteles o casinos bajo el apellido familiar, sus desmanes financieros empezaron a protagonizar titulares. Los problemas económicos llegaron a ser tan graves que en 1990 su padre, ya octogenario, tuvo que comprar tres millones de dólares en fichas de casino para tapar agujeros en una de sus propiedades.

Entre 1990 y 2009, Trump llegó a declarar la bancarrota en seis de las empresas del grupo. «He utilizado las leyes de este país para reducir mi deuda», reconocería después sobre el mecanismo de rescate financiero del que hizo uso y abuso durante casi dos décadas para resucitar su imperio una y otra vez.

  1. El amante

Mientras le ponía su nombre a todo –casinos, apartamentos y hoteles, pero también campos de golf, bebidas alcohólicas, revistas y hasta juegos de mesa– fuera de los despachos, Trump tenía una vida personal igual de caótica e intensa que sus negocios.

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El magnate y su primera mujer, Ivana —una modelo e instructora de esquí que emigró de Checoslovaquia a Canadá antes de conocer a Trump— dominaron la vida social neoyorquina durante un cuarto de siglo antes de divorciarse a principios de los 90. Mantuvieron una buena relación hasta su muerte en 2022

Don Jr., Ivanka y Eric fueron el fruto de aquel primer matrimonio que terminó en 1992 cuando el ‘affaire’ del empresario con la actriz Marla Maples saltó a los titulares

Su relación con la actriz Marla Maples empezó en los 80 cuando Trump aún estaba casado con su primera mujer y estalló en un mediático divorcio que dio de comer a la prensa del corazón durante casi un lustro. Su hija en común, Tiffany, que nació en 1993, estudió Derecho en Georgetown

Tras haber sido madre por primera vez el año pasado, la menor de las hijas del presidente lleva una vida alejada de los focos y la política, pero muy presente en Instagram. Vive en Florida junto a su marido, el empresario Michael Boulos

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«Me encanta crear estrellas. Y en cierta manera, hice eso con Ivana. Y en cierta manera, también he hecho eso con Marla. Y me gusta (…) Desafortunadamente, cuando ya son estrellas, la diversión se termina para mí. Es como un proceso de creación, casi como crear un edificio. Es bastante triste», contó Trump en una entrevista en la cadena ABC en 1994 sobre sus dos primeros matrimonios. No se divorciaría de Maples hasta cinco años más tarde.

Él y Maples, que se casaron en una mediática boda en Nueva York en 1993, se convirtieron en una de las parejas del momento hasta que… dejaron de serlo. Aumentaron la familia con su hija Tiffany, pero el divorcio llegó en 1999, un año después de que el magnate conociera a una joven modelo eslovena en una fiesta a la que Trump, en realidad, había acudido con otra chica. Él tenía 52 años; ella, 28. Y la historia volvió a repetirse.

  1. El marido

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Donald y Melania se casaron en 2005; un año después, nació Barron, el hijo más pequeño del magnate

Se conocieron en una fiesta durante la Semana de la Moda de Nueva York de 1998. Ella se negó a darle su número; él perseveró. Cinco años después, y tras una breve ruptura, se casaron en Mar-a-Lago (portada de Vogue incluida) y ante 350 invitados entre los que ni siquiera faltaron los Clinton

Según Forbes, el hijo pequeño del presidente y la primera dama, que cumplirá 20 años en marzo y que estudia Negocios en el campus de Washington de la Universidad de Nueva York, ha conseguido amasar una fortuna personal de 150 millones de dólares gracias a su interés por las criptomonedas

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  1. El ‘showman’

A partir de 2005, su faceta de showman fue ganando terreno a su perfil de promotor inmobiliario de altos vuelos.

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Trump apareció afeitándole la cabeza a Vince McMahon, fundador de la World Wrestling Entertainment (WWE) y uno de sus amigos y donantes más fieles

Los favores se devuelven: Linda McMahon, exejecutiva de la WWE y mujer de McMahon hasta 2024, fue nombrada por Trump para dirigir la cartera de Educación de su segunda administración después de haber ocupado el cargo de Administradora de Pequeños Negocios durante su primera presidencia

Sus coqueteos con Hollywood y el ‘showbusiness’ venían de lejos: lo mismo hacía un cameo en ‘Solo en casa’ que invitaba a Michael Jackson a la inauguración de un casino o se codeaba con estrellas de la lucha libre como Hulk Hogan

Sus fotos rodeado de misses se convirtieron en otro clásico. No en vano, fue dueño de Miss Universo entre 1996 y 2015

Pero su salto definitivo a la fama global llegó en 2005 con el estreno de su ‘reality’ The Apprentice, donde era productor, presentador y el alma de un show en el que el premio final para los aprendices de multimillonarios era un suculento contrato (a razón de 250.000 dólares anuales) para gestionar una de las propiedades del magnate

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Durante catorce temporadas, Trump fue el productor y presentador de ‘The Apprentice’, el reality de la NBC que ponía a prueba a aspirantes a emprendedores y en el que el magnate popularizó una de sus frases más famosas: «You are fired» («Estás despedido»). Al frente del reality, Trump llegó a ingresar 437 millones de dólares, según sus declaraciones de impuestos.

  1. El candidato

Pero después de una década de un estrellato televisivo que le sirvió para darse a conocer entre el americano (y el votante) medio, volvió a dar un giro de timón a su biografía. Primero, amagó con una candidatura a gobernador de Nueva York que finalmente no cuajó.

Apenas un año después, el 16 de junio de 2015, Trump protagonizaba una imagen icónica bajando las escaleras doradas de la Trump Tower para anunciar su candidatura a la Casa Blanca. El resto es historia de la democracia americana.

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¿Qué pinta Melania?

¿Un elemento decorativo o una voz silenciosa pero con peso? Analistas discrepan sobre el papel de una primera dama atípica y ausente

Izaskun Errazti

Sábado, 17 de enero 2026

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El próximo 30 de enero, si Donald Trump lo permite, todos los focos estarán puestos sobre su esposa. Amazon Prime estrena ‘Melania’, el documental que explora los días previos a la segunda toma de posesión del magnate como presidente de Estados Unidos; un retrato íntimo que muestra a la primera dama revisando discursos, eligiendo vestuario o conversando con su equipo más cercano. Puede que sea el segundo intento de levantar la tapa sobre una mujer que ya en 2024 trató de aflojar su hermetismo con la publicación de su autobiografía tras confesar que en su primera etapa en la Casa Blanca no lo pasó bien. «La gente no me aceptaba, no me entendía», manifestó en una reciente entrevista con Fox News. Ahora, parece que toca abrirse, pero a nadie se le escapa que la película producida por Jeff Bezos, que ha costado 40 millones de dólares, llega en un contexto inevitablemente político.

Estados Unidos vive un momento de enorme atención internacional tras el delirante regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y coincidiendo, además, con el primer aniversario de su investidura, celebrada el 20 de enero de 2025. Y en este escenario, la figura de Melania vuelve a situarse en el centro del foco mediático. «Tal vez algunas personas me ven solo como la esposa del presidente, pero estoy firme sobre mis propios pies, independiente. Tengo mis propias ideas», ha defendido.

 
 

Medir la influencia de Melania sobre Trump resulta casi imposible. Por lo general, no está, aunque previo pago se dejó ver en algún acto de campaña de su marido. No aparece en las reuniones del gabinete, apenas lidera iniciativas públicas, y casi ni se sabe cómo suena su voz. Es una primera dama de perfil bajo, ausente, que hasta mayo pasado, según ‘The New York Times’, sólo había dormido catorce días en la Casa Blanca. Nada que ver con el ritmo frenético de Michelle Obama, que revolucionó la nutrición escolar contra la obesidad, o algo más pausado de Jill Biden, que se implicó en temas de Educación y con los militares estadounidenses. Algunas decisiones, como la de derruir el Ala Este de la residencia presidencial, dominio y lugar de trabajo de las primeras damas desde los tiempos de Jackie Kennedy, para habilitar un salón de baile no parece augurar ningún cambio en ese sentido.

Alison Posey, doctora en Filología Hispánica y profesora universitaria en Estados Unidos, no ha pasado por alto las distintas facetas que la esposa de Donald Trump exhibe en el tráiler del documental que lleva su nombre: «De aplaudidora de sonrisa gélida que encomia a su marido con palabras empalagosas; de visionaria de la moda; de madre preocupada y cariñosa…». Dice que «las máscaras de Melania» son muchas, tanto en la vida real como en la película, pero, en su opinión, «las que menos convencen son las de influencer política». Y a su «ausencia notable» en la esfera pública añade «los conjuntos defensivos» con los que la exmodelo eslovena suele vestirse: «Unas pamelas descomunales cuya función aparente es mantener al presidente a un metro de distancia».

Medir su influencia sobre Trump resulta casi imposible. Por lo general, no está

Para Posey, la moda y sus comentadas ausencias son los únicos elementos que se destacan de un perfil «enigmático para los votantes del presidente y vacío para los demás». «La política de no intervención de Melania es más que evidente» en un momento en que su marido «atenta contra los derechos de los inmigrantes y las naciones soberanas. Pero frente a la incursión estadounidense de Venezuela, las deportaciones en masa y la violencia desatada, la primera dama aparece más neutral que Suiza», lamenta.

Pese al silencio habitual de la señora Trump, quienes la rodean afirman que no es un mero elemento decorativo, que cuando habla se la escucha y que su relevancia es mayor de la que, en principio, pudiera parecer. Pero a algunos analistas, como Itziar García Carretero, les resulta «complicado determinar si las ‘coincidencias’» que a veces se observan en el matrimonio «obedecen a intereses de poder o a una verdadera convicción».

En clave electoral

La experta en comunicación política llama la atención sobre dos eventos en los que el presidente rectificó o, al menos, suavizó su mensaje tras hablar con Melania. El primero de ellos fue en relación a Gaza y a sus planes para convertir su territorio devastado en un resort de lujo. El segundo, respecto a la actuación de Vladímir Putin en Ucrania. «Nunca se sabrá si lo hizo por estrategia o por convicción, pero la realidad es que sí hubo un ligero cambio», subraya.

Sin embargo, al margen de algunos pequeños gestos, «todo indica que la influencia de la primera dama «es muy limitada y está muy medida; se selecciona de manera minuciosa por parte de toda la corte de asesores», afirma García Carretero. Y sus apariciones y declaraciones siempre quedarán «en un segundo plano para resaltar la figura del presidente».

Melania funciona como «el contrapunto» de Trump: «Frente a su teatralización, proyecta la discreción y sobriedad propias del personaje secundario. Frente a la hipercomunicación y sobreexposición de su marido, ella elige muy bien cuándo y de qué hablar», sostiene la analista, quien recuerda la famosa frase ‘Mi cuerpo, mi decisión’ que pronunció sobre el aborto. «Todo nos lleva a pensar que lo hizo con un objetivo electoral claro: llegar a un segmento de población al que Trump no conseguía llegar».

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¿Está enfermo Trump?

El presidente norteamericano, que en junio cumplirá 80 años, afronta un horizonte incierto entre rumores sobre su salud y la sombra de otro ‘impeachment’

Domingo, 18 de enero 2026

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Tenéis que ganar porque si perdemos las ‘midterms’ (las elecciones legislativas de mitad de mandato), encontrarán una razón para hacerme un ‘impeachment’». Con esas palabras Donald Trump arengaba hace unos días al aparato del partido republicano en la Casa de Representantes de cara a la siguiente cita en las urnas, prevista para el próximo mes de noviembre y que, si depara un resultado positivo para los demócratas, podría poner en serios apuros políticos al presidente. Sería su tercer proceso de destitución. Un récord absoluto prácticamente imposible de igualar. Aunque, efectivamente, a finales de 2026 se empezará a escribir el futuro político de Trump, los frentes abiertos en el horizonte del republicano no son exclusivamente electorales. Ni mucho menos.

El más evidente de todos es también el único que no puede controlar: su propia salud. Por más estamina que tenga (algo de lo que presume y habla sin parar siempre que puede), Trump no deja de ser un señor de casi 80 años; los cumplirá el próximo 14 de junio. Y mientras la información sobre su estado de salud es cada vez más opaca, sus achaques físicos son, también, más evidentes.

 

La estampa de Trump durmiéndose (o cerrando los ojos y cabeceando ostensiblemente) se ha convertido en una broma recurrente en los ‘late nights’ norteamericanos presentados por Kimmel, Stewart, Colbert y compañía. Y sus discursos inconexos y en bucle son pura gasolina para alimentar las especulaciones sobre la merma de sus capacidades cognitivas o, incluso, sobre una demencia incipiente.

Lo cierto es que, según un exhaustivo análisis que ‘New York Times’ ha llevado a cabo de su agenda oficial, Trump está viajando menos y tiene menos eventos y compromisos en su calendario de lo que tenía a estas alturas de su primera presidencia. No es algo anecdótico. Según el diario, su actividad pública ha disminuido hasta en un 39%. Sus apariciones también se han retrasado y rara vez ocurren antes de mediodía. Y habitualmente no pisa el Despacho Oval antes de las 11 de la mañana.

Lo poco que se sabe de su estado de salud general es algo que, como cualquier otro paciente, decide él mismo. Por eso, ha contado que en octubre le realizaron una resonancia magnética, aunque no especificó para qué ni cuáles fueron los resultados. «No tengo ni idea de lo que analizaron. Pero fuera lo que fuera que analizaron, lo analizaron bien y dijeron que es el mejor resultado que han visto nunca», dio por toda explicación con su fanfarronería habitual.

Sus discursos inconexos y en bucle han alimentado las especulaciones sobre sus capacidades cognitivas

Sus médicos no contestan preguntas de la prensa (ni siquiera lo hicieron tras sus dos intentos de asesinato) y se limitan a publicar informes periódicos con pocos detalles y mucha propaganda. «El presidente Trump exhibe una salud cognitiva y física excelente y está totalmente en forma para ejecutar las tareas de comandante en jefe y jefe del Estado», escribió su médico, el doctor Barbarella, en abril.

 

Es bien sabido, sin embargo, que Trump no hace ejercicio y que, aunque no consume alcohol, en su dieta abunda la carne roja, la comida basura y las bebidas azucaradas. En los últimos meses, sus tobillos hinchados y un moratón en su mano mal disimulado con maquillaje han dado alas a todo tipo de rumores sobre su estado de salud. Es un tema sensible para el frágil ego de Trump, probablemente porque él mismo lo utilizó como munición política contra Joe Biden, al que ridiculizaba constantemente por su edad y sus goteras físicas.

La carrera por la sucesión

Pese a todo, el republicano lleva coqueteando con la idea de contravenir la enmienda número 22 de la Constitución y aspirar a un tercer mandato prácticamente desde que volvió a pisar la Casa Blanca. De hecho, según informaba en diciembre ‘Wall Street Journal’, Trump se reunió hace unas semanas con el abogado Alan Dershowitz, autor de un libro que pone en tela de juicio la prohibición constitucional y plantea diferentes escenarios en los que sería posible puentearla para alargar la vida política de Donald Trump.

«Lo encontró interesante como concepto intelectual», ha explicado Dershowitz sobre la reunión con el presidente, que le prometió que leería su ensayo, aunque en octubre dijo que no perseguirá un tercer mandato. Susie Wiles, su jefa de gabinete, también ha explicado que el presidente «sabe que no puede volver a presentarse». Si cumple su palabra (y eso siempre es mucho decir tratándose de Trump) se abriría oficialmente el proceso de sucesión. Oficialmente, porque extraoficialmente lleva sobre la mesa desde que ganó las últimas elecciones y se instaló de nuevo en la Casa Blanca.

La lista está compuesta por los sospechosos habituales. El primero de todos, y con mucha diferencia el mejor posicionado, es el vicepresidente J.D. Vance, que aún no ha confirmado su intención de presentarse, aunque todo el mundo dé por hecho que lo hará. Su condición de favorito se vio reforzada en diciembre al recibir el apoyo explícito de Erika Kirk, viuda del activista Charlie Kirk y líder de Turning Point, el movimiento fundado por su marido que tanto predicamento tiene entre las bases más jóvenes y reaccionarias del partido republicano.

J.D. Vance, actual vicepresidente, es el líder republicano mejor situado para suceder a Trump

Las encuestas también apuntan a Vance. Muy por delante de otros nombres como el del secretario de Estado, Marco Rubio, el senador Ted Cruz, el gobernador de Florida Ron DeSantis o, incluso, Don Jr., el hijo mayor del presidente, que antes coqueteaba más abiertamente con la idea de continuar la saga política, pero que podría estar cediendo en sus pretensiones a la vista del protagonismo del vicepresidente. Aunque Trump no ha nombrado un heredero político (pero ha dejado caer que tanto Vance como Rubio podrían ir en el ticket electoral de 2028) no se espera que la sucesión sea una coronación, sino unas primarias competitivas con varios candidatos.

De alguna manera, toda esa rumorología está teniendo su impacto en el presidente. Quizá por eso, sus referencias al cielo y la muerte se han vuelto más habituales en los últimos meses. Como cuando, a bordo del Air Force One, vaticinó: «No creo que haya nada que me vaya a llevar al cielo. Creo que, quizá, no sea mi destino». Solo él es capaz de aplicar grandes dosis de realismo a algo tan intangible como la espiritualidad. Y obviarlo, claro, para casi todo lo demás.

 

 

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